Una vez leí una historia de un personaje judío que fue confinado a un campo de concentración nazi en el desdichado tiempo de la segunda guerra mundial, aquel tiempo cuando Hitler decía defender una “raza superior” a costa del exterminio de las demás razas.

Frankl, Nacido y crecido en Viena dentro de la tradición judía era un neurólogo y psiquiatra que se vio en la encrucijada de aprovechar una visa americana y continuar con su prominente carrera y escapar de las prisión Nazi, o quedarse con sus ancianos padres, escogió quedarse, a pesar de los riesgos que esto tenia.

Al poco tiempo fue capturado y enviado a los campos de concentración, donde se vio separado de su esposa y sus hijos, su padre moriría un poco después, pero a Frankl le esperaba un infierno. Después de un tiempo en los campos de concentración y a través de su desolador periplo su propios principios de psicología fueron puestos a prueba, en tan duras situaciones se miraba constantemente humillado por los soldados nazi, miraba como la gente moría a su alrededor y como estaban reducidos a vivir como animales, peleando por un trozo de pan duro, en medio de todas estas situaciones, aquel día, estando desnudo y solo en una pequeña habitación, Frankl empezó a tomar conciencia de lo que denominó la libertad última, un reducto de su libertad que jamás podrían quitarle. Sus vigilantes podían controlar todo en torno a él. Podían hacer lo que quisieran con su cuerpo. Podían incluso quitarle la vida. Pero su identidad básica quedaría siempre a salvo, sólo a merced de él mismo.

Por eso insisto que no importa tu entorno, tu historia, tu pasado y tu presente, no importa que circunstancia atravieses, que familia tienes, de dónde vienes, que apellido, nada de esto debe ni PUEDE entrar a tu Parcela de libertad interior a menos que tú se lo permitas, nada de esto puede separarte de tu verdadera identidad, de lo valioso que eres, ni debe separarte de tu verdadero propósito en la vida, como lo dijo Frankl: “La última de las libertades humanas es escoger la actitud de uno en cualquier clase de circunstancia”

Aquí dejo una porción de lo que Viktor Frankl escribió al sobrevivir al holocausto:

“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino” (…) Fundamentalmente, pues, cualquier hombre podía, incluso bajo tales circunstancias, decidir lo que sería de él -mental y espiritualmente-, pues aún en un campo de concentración puede conservar su dignidad humana. Dostoyevski dijo en una ocasión: ‘Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos’ y estas palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a aquellos mártires cuya conducta en el campo, cuyo sufrimiento y muerte, testimoniaban el hecho de que la libertad íntima nunca se pierde. Puede decirse que fueron dignos de sus sufrimientos y la forma en que los soportaron fue un logro interior genuino. Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.”

Vicktor Frankl

“El Hombre en busca de sentido”

Así que no te dejes vencer, determina AHORA tu actitud ante la vida y nada te detendrá.

Allan Samayoa